Cómo hacer algo bueno para nosotros ayudando a los demás

29 May

Recientemente escuchando un programa de radio me puse a reflexionar sobre el tema del ego y de la sociedad ego centrista e individualista en la que vivimos, básicamente todos los occidentales.

Yo no me considero una persona especialmente caritativa ni con muchas acciones altruistas, pero

Smile! Welcome Back =]

Smile! Welcome Back =] (Photo credit: blentley)

algo que observo en particular en las personas jóvenes y/o solteras y/o sin hijos y con lo cual me identifico también en algún período de mi vida. En esa época todo se centra en nosotros: en hacer cosas divertidas, en pasarla bien, en lograr mis objetivos individuales y en ser feliz. Y aunque no hay nada malo en esto, en este grupo de personas la visión de la vida tiene un sentido del ego o del “yo” muy fuerte.

Creo firmemente que todos tenemos derecho a buscar nuestra felicidad, definitivamente esto no es algo contra qué discutir. Sin embargo, si sólo hacemos lo que nuestro “yo” siente que nos va a hacer feliz y nos pasamos los días, las semanas, meses y años complaciendo a nuestro “yo” insaciable, no lograremos tal felicidad… nunca jamás.

Hacer algo desinteresado por los demás siempre nos produce una satisfacción verdadera, sin culpas, sin ataduras. Por muy pequeño que sea el acto desinteresado. Puede ser algo tan simple como facilitar un bolígrafo a una persona en el banco, o algo que requiere mucho más esfuerzo y compromiso personal. Las acciones desinteresadas nos ayudan a re-enfocar la atención fuera de nosotros mismos (y de nuestros problemas) y nos ayudan a enfocarnos en lo que es verdaderamente importante.

Podemos empezar por pequeñas cosas, no es necesario comprometer dinero ni gran cantidad de tiempo en esto. Tampoco tenemos que empezar con el extraño en la calle. Empecemos por nuestro círculo más cercano: familia, amigos, compañeros de trabajo, conocidos. Es más fácil sentir empatía por aquellos que nos son cercanos y nuestra acción desinteresada será más natural.

Posteriormente, podemos comenzar a realizar un ejercicio consciente: reconozcamos que el policía, el dependiente de la tienda, el taxista y cualquier otro extraño también es una persona que quiere ser feliz, que siente y padece, que tiene problemas tal como nosotros. No vamos a solucionar sus problemas ni de lejos, pero sólo mirarle a los ojos (en vez de ignorar su presencia) y sonreir, puede hacer la diferencia.

Está en tus manos. Que tengas un feliz día.

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